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Tras el simulacro de terremoto: ¿qué tan preparados estamos?

hace 3 días
4 min de lectura

La historia sísmica de La Española, Haití y Puerto Rico demuestra que la amenaza es permanente. Los simulacros, las alertas móviles y los organismos de socorro representan avances, pero la preparación real también depende de las edificaciones, los planes familiares y la capacidad de responder sin servicios básicos.


Santo Domingo.– El Caribe suele asociarse con huracanes y tormentas, pero bajo sus islas existe otra amenaza capaz de producir una emergencia sin previo aviso: los terremotos. República Dominicana se encuentra sobre el límite de las placas tectónicas del Caribe y Norteamérica, dentro de una región que ha registrado terremotos destructivos, tsunamis y prolongadas secuencias sísmicas.


La amenaza no depende de una temporada. A diferencia de los ciclones, los terremotos no pueden pronosticarse con días de anticipación. Pueden ocurrir a cualquier hora y afectar simultáneamente viviendas, hospitales, hoteles, aeropuertos, carreteras, redes eléctricas y sistemas de comunicación.


En República Dominicana se han identificado múltiples estructuras sísmicas activas. Entre las más relevantes se encuentran la falla Septentrional, la falla de Enriquillo, la Trinchera de La Española y la Trinchera de los Muertos. La ubicación de estas estructuras expone tanto al norte como al sur del territorio y añade un riesgo de tsunami para las comunidades costeras.

El terremoto más destructivo de la historia dominicana reciente ocurrió en 1946, con una magnitud cercana a 8. El evento generó un tsunami que golpeó la costa norte y causó una elevada cantidad de víctimas. El Servicio Geológico de Estados Unidos recoge estimaciones históricas que superan los 1.600 fallecidos.


La experiencia de Haití confirma que el peligro continúa vigente. El terremoto de magnitud 7,0 ocurrido en 2010 provocó una catástrofe humanitaria, agravada por la vulnerabilidad de las edificaciones, la densidad urbana y las limitaciones de los servicios de emergencia. En 2021, otro sismo de magnitud 7,2 afectó el sur haitiano y dejó miles de fallecidos.

Puerto Rico también ha enfrentado movimientos destructivos. En 2020, un terremoto de magnitud 6,4 produjo daños en viviendas, escuelas, carreteras y servicios esenciales. La emergencia estuvo acompañada por una prolongada secuencia de réplicas que obligó a numerosas familias a permanecer fuera de sus hogares.


La alerta es importante, pero no suficiente


República Dominicana ha incorporado el sistema Cell Broadcast, capaz de enviar mensajes simultáneos a teléfonos móviles ubicados en una zona determinada. Durante su prueba nacional, la alerta alcanzó a más de la mitad de la población.


El resultado demuestra el potencial de la herramienta, pero también evidencia la necesidad de ampliar su cobertura. En una emergencia real, los mensajes deben complementarse con sirenas, radio, altavoces, brigadas comunitarias y protocolos internos. Ningún sistema debe depender exclusivamente de Internet o de una sola red tecnológica.


También se han probado drones de despliegue autónomo capaces de enviar imágenes en tiempo real al Sistema 9-1-1. Estas plataformas pueden facilitar la evaluación inicial de daños, identificar vías bloqueadas y proporcionar información antes de que lleguen los equipos de emergencia.


Sin embargo, la tecnología no reemplaza la seguridad estructural. Un país puede contar con buenas comunicaciones y, al mismo tiempo, mantener viviendas, escuelas o establecimientos construidos sin controles suficientes. El Banco Mundial ha advertido sobre las brechas existentes en el Caribe entre la adopción de códigos de construcción y su aplicación efectiva.


Qué hacer durante un terremoto


Cuando comienza una sacudida fuerte dentro de una edificación, la reacción inicial recomendada es agacharse, cubrirse y sujetarse. La cabeza y el cuello deben protegerse de objetos que puedan caer.


No se deben utilizar ascensores ni correr inmediatamente hacia las escaleras mientras continúa el movimiento. Fachadas, cristales, luminarias, cables y objetos desprendidos pueden causar lesiones. La evacuación debe iniciarse cuando termine la sacudida y las rutas sean seguras.


En las zonas costeras existe una precaución adicional. Si el movimiento es intenso o prolongado, las personas deben dirigirse hacia terrenos elevados una vez que puedan hacerlo con seguridad. Un terremoto marino puede generar un tsunami y, en determinados escenarios, la señal natural podría preceder a la alerta oficial.


Cada familia debería contar con agua, medicamentos, linterna, radio, baterías, documentos básicos, silbato, botiquín y medios para cargar teléfonos. También debe establecer un punto de encuentro y una persona de contacto fuera de la zona afectada.


Los hoteles, colegios, oficinas y residenciales necesitan rutas señalizadas, brigadistas, puntos de reunión y procedimientos para personas con discapacidad, adultos mayores, niños y visitantes que desconozcan el lugar.


Prepararse antes del movimiento


Un simulacro cumple su objetivo cuando permite descubrir errores y genera un plan para corregirlos. No basta con evacuar: es necesario medir tiempos, verificar que nadie quede rezagado, comprobar la comunicación y evaluar la capacidad de operar sin electricidad, telefonía o acceso vial.


La preparación auténtica también exige revisar edificaciones, asegurar muebles y equipos, proteger depósitos de combustible, garantizar reservas de agua y establecer mecanismos alternativos de comunicación.


El Caribe no puede evitar los terremotos, pero sí puede reducir sus consecuencias. La diferencia entre una emergencia controlable y una catástrofe dependerá, en gran medida, de todo lo que se haga antes de que la tierra comience a moverse.

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