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Meliá abandona el negocio hotelero en Cuba: repercusiones en el turismo regional

  • hace 3 días
  • 2 min de lectura

La salida definitiva de la cadena española, después de 36 años de presencia en la isla, profundiza la crisis turística cubana y puede redistribuir viajeros, vuelos e inversiones hacia otros destinos del Caribe.



Meliá Hotels International puso fin a todas sus operaciones en Cuba desde el 24 de julio de 2026, una decisión que comprende la cancelación de contratos de gestión, comercialización y uso de marca en los 34 hoteles que llegó a administrar en la isla. La salida cierra una etapa iniciada en 1990 y confirma el deterioro de un mercado afectado por la caída de visitantes, las restricciones financieras, la escasez de combustible y las dificultades para mantener servicios hoteleros internacionales.


La compañía atribuyó su retirada a obstáculos operativos, jurídicos, económicos y financieros, agravados por las sanciones estadounidenses contra entidades vinculadas al turismo cubano. El movimiento de Meliá se suma a las reducciones o salidas de Iberostar, Barceló y Blue Diamond, mientras varias aerolíneas han suspendido o limitado sus conexiones. Entre enero y abril de 2026, Cuba recibió 328.608 turistas internacionales, un 55,8 % menos que durante el mismo período de 2025. Al dejar de operar las cadenas extranjeras, los hoteles no desaparecen, pero pierden sus marcas, redes mundiales de reservaciones, canales de promoción, estándares de gestión y capacidad de negociación con proveedores.


El profesor e investigador cubano José Luis Perelló, una de las voces más reconocidas en el estudio de la industria turística de la isla, ya había descrito el escenario como una “década perdida” y estimado que Cuba no recuperaría hasta 2030 los niveles de visitantes anteriores a la pandemia. Ante el empeoramiento de las condiciones durante 2026, el especialista advirtió sobre la posibilidad de “un año desastroso” para el sector. Su diagnóstico apunta a un problema estructural: la pérdida de conectividad y de operadores internacionales reduce la capacidad de Cuba para competir con destinos caribeños que ofrecen estabilidad, abastecimiento, infraestructura y acceso a los principales mercados emisores.


Para República Dominicana, la crisis cubana abre una oportunidad, aunque no garantiza un traslado automático de viajeros o inversiones. Punta Cana, La Romana, Puerto Plata y los nuevos polos turísticos pueden captar rutas aéreas, turoperadores y capital hotelero que busquen alternativas dentro del Caribe. El país parte con ventajas: 11.635.151 visitantes recibidos en 2025, amplia conectividad internacional, presencia de grandes marcas y una industria en expansión. El desafío será absorber esa posible redistribución sin deteriorar la calidad, mediante mayor infraestructura, ordenamiento territorial, sostenibilidad y formación de personal. La salida de Meliá debilita a un competidor histórico, pero también eleva el estándar que República Dominicana deberá sostener para consolidarse como el destino más confiable de la región.

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