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Está vivo, se esconde bajo el mar y protege Punta Cana: ¿Qué es?

16 ago
3 min de lectura

No tiene muros ni necesita electricidad, pero reduce la fuerza de las olas, conserva la arena y ayuda a sostener buena parte del turismo. La respuesta está frente a la costa: son los arrecifes de coral, una infraestructura natural de enorme valor para Punta Cana.


Está bajo el agua y muchas veces pasa inadvertido para quienes disfrutan de la playa. Sin embargo, el arrecife de coral trabaja permanentemente como una barrera natural: recibe el impacto del oleaje antes de que alcance la costa, disminuye la erosión y crea las condiciones necesarias para que numerosas especies marinas puedan alimentarse, refugiarse y reproducirse. Su presencia ayuda a explicar la tranquilidad y estabilidad de varios sectores del litoral de Punta Cana.


La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, sostiene que los arrecifes pueden absorber hasta el 97 % de la energía producida por las olas, tormentas e inundaciones costeras. Cuando esa estructura viva pierde cobertura, se fragmenta o desaparece, el mar llega con mayor fuerza a la orilla. La consecuencia puede ser una pérdida acelerada de arena y una exposición más alta de hoteles, restaurantes, viviendas y otras instalaciones levantadas cerca de la costa.


El arrecife también sostiene actividades directamente relacionadas con el turismo. El buceo, el esnórquel, las excursiones marítimas y la observación de especies dependen de ecosistemas saludables. Además, los peces y otros organismos que viven en estas formaciones contribuyen al equilibrio del mar. Por esa razón, conservar los corales no significa proteger solamente un paisaje submarino: implica resguardar una parte de la economía turística y de la identidad natural del destino.



Un estudio sobre los servicios ecosistémicos de los arrecifes en Bayahíbe, Punta Cana y Samaná estimó que estos entornos generan más de US$1,142 millones anuales para la economía dominicana. La valoración incluye turismo, pesca, recreación y protección de las costas. La cifra permite dimensionar cuánto puede perder el país cuando un arrecife se deteriora y cuánto puede conservar mediante programas de restauración, vigilancia y educación.


Esa barrera natural enfrenta amenazas cada vez más complejas. El aumento de la temperatura del océano puede producir blanqueamiento; las enfermedades atacan colonias completas; y la contaminación, los sedimentos, las aguas residuales, los plásticos y las prácticas náuticas inadecuadas dificultan su recuperación. El anclaje de embarcaciones y el contacto directo durante excursiones también pueden romper estructuras que necesitaron años para crecer.


En Punta Cana, la Fundación Puntacana desarrolla desde hace más de tres décadas un trabajo de conservación que incluye restauración de corales, educación ambiental, formación de jóvenes científicos y colaboración con comunidades pesqueras. En abril de 2026 inauguró el Centro de Innovación Marino, ubicado en Playa Blanca, donde mantiene viveros terrestres con distintas especies y variedades genéticas. El centro utiliza reproducción sexual, reproducción asexual y microfragmentación para acelerar el desarrollo de corales destinados a fortalecer la recuperación de los ecosistemas.


Fundación Puntacana lleva más de treinta años restaurando corales, formando jóvenes científicos, trabajando con comunidades pesqueras y desarrollando programas de educación ambiental”, declaró Jake Kheel, vicepresidente de la organización. El Centro de Innovación Marino también funciona como institución ancla del Hub de Innovación Marino de República Dominicana, una plataforma que reúne a Fundación Puntacana, FUNDEMAR y The Nature Conservancy para impulsar investigación aplicada y restauración arrecifal a mayor escala.


La protección del arrecife también depende de quienes utilizan la costa. Los operadores turísticos pueden evitar el uso de anclas sobre fondos coralinos, instalar boyas, controlar la cantidad de visitantes y explicar las normas antes de cada excursión. Los turistas deben evitar tocar, pisar o extraer corales, perseguir animales o abandonar residuos. Hoteles, embarcaciones y comunidades, a su vez, tienen una responsabilidad directa en el manejo de las aguas residuales y los desechos que terminan llegando al océano.


La respuesta a la adivinanza explica una parte esencial del futuro de Punta Cana: los arrecifes son el muro vivo que protege sus playas. Restaurarlos ayuda, pero no sustituye la necesidad de reducir la contaminación, ordenar el desarrollo costero y controlar las actividades sobre el mar. El destino que se observa desde la orilla depende, en gran medida, de aquello que permanece escondido bajo el agua.

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