El camino de Punta Cana para convertirse en referente de la Moda Caribe
- 8 ago
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Su clima, proyección internacional, infraestructura hotelera y liderazgo como destino de bodas abren una oportunidad para desarrollar una industria con identidad propia. En Bridal & Resorts Runway, celebrado en Live Aqua Punta Cana, José Forteza, Mich Román, Lil Céspedes y Jeanette Limas analizaron el potencial de una moda creada desde el Caribe.
Punta Cana reúne condiciones capaces de convertirla en escenario, laboratorio y vitrina internacional de la moda caribeña.
El clima tropical, el mar, la vida dentro de los resorts y el creciente mercado de las bodas de destino demandan prendas que respondan a una forma particular de habitar el Caribe: telas ligeras, siluetas fluidas, sastrería tropical, colores vinculados al paisaje y una elegancia menos rígida. La oportunidad consiste en transformar esas características en una industria reconocible, capaz de diseñar, producir y exportar desde el principal destino turístico de República Dominicana.
Esa posibilidad fue el eje de las conversaciones sostenidas durante Bridal & Resorts Runway, convocatoria que reunió en Live Aqua Punta Cana a diseñadores, especialistas y representantes de las industrias de la moda, las bodas y la hospitalidad. Más allá de la pasarela, el encuentro mostró cómo el entorno caribeño no funciona solamente como decoración: condiciona las telas, modifica los códigos de vestimenta, inspira las colecciones y abre nuevos segmentos comerciales.
Las voces de José Forteza, Mich Román, Lil Céspedes y Jeanette Limas permiten plantear una pregunta de mayor alcance: ¿puede Punta Cana dejar de ser únicamente el lugar donde se exhibe y consume moda para convertirse también en un territorio que la crea? El destino todavía no es una capital consolidada del sector, pero posee infraestructura turística, capacidad de convocatoria, exposición internacional y una demanda relacionada con bodas, playa y experiencias resort que podrían sostener una plataforma con identidad propia.
José Forteza: una voz autorizada para comprender el momento

Editor, productor y figura reconocida dentro de la comunicación especializada en moda, José Forteza ha desarrollado una extensa trayectoria vinculada a publicaciones de Condé Nast como Vogue, GQ y Architectural Digest para México y Latinoamérica. Nacido en Cuba y conectado profesionalmente con República Dominicana, su experiencia editorial le permite observar el desarrollo de la moda dominicana desde una perspectiva regional e internacional.
Forteza distingue entre la trayectoria alcanzada por la moda dominicana y el proceso particular que comienza a vivir Punta Cana. Recordó el camino construido por plataformas como Dominicana Moda y RD Fashion Week, pero señaló que la relación entre moda, turismo y hotelería empezó a adquirir mayor fuerza en el destino durante los últimos años.
“Hace, digamos, cinco años que la industria del turismo se viene percatando de lo importante que es la moda para polarizar la atención hacia un polo turístico”, expresó.
Esa vinculación permite que la moda contribuya a posicionar un destino más allá de sus playas. Las pasarelas, colecciones, experiencias de compra y celebraciones proyectan una imagen cultural y generan nuevas razones para viajar, consumir y conocer a sus creadores.
Para el editor, Punta Cana todavía está en una etapa inicial, pero ya muestra señales concretas de crecimiento.
“Está en un punto de comienzo, pero un punto de comienzo en el que ya empieza a coger fuerza. El momento en que convoca a diseñadores, de donde quiera que vengan, para un hecho importantísimo como es el bridal dentro de un destino como este, ya es esperanzador y muy positivo”, señaló.
Su apreciación encuentra respaldo en el calendario que comienza a conformarse alrededor del destino. Tras Bridal & Resorts Runway, Punta Cana Fashion Week anunció su edición del 12 al 15 de noviembre de 2026, con énfasis en moda resort, trajes de baño y propuestas internacionales.
La continuidad entre encuentros especializados, pasarelas y convocatorias internacionales puede ser determinante. Para convertirse en referente, Punta Cana necesita que la moda deje de aparecer como un acontecimiento aislado y pase a integrarse de manera permanente a la oferta cultural, turística y comercial del destino.
Las bodas como motor de la moda caribeña
Una de las principales oportunidades se encuentra en el turismo nupcial. La moda para bodas de destino debe entenderse como un universo económico y creativo mucho más amplio que el vestido utilizado durante la ceremonia.
“República Dominicana, gracias al nicho de bodas, ya que es un lugar favorito de la gente para celebrar, ha tenido un margen excelente para que crezca justamente ese nicho”, explicó Forteza.
“El universo bridal es gigantesco”. José Forteza.
No se trata únicamente de vestir a quienes contraen matrimonio. También intervienen padrinos, damas, familiares, invitados y acompañantes. A ello se suma la indumentaria requerida para cenas de bienvenida, fiestas junto a la piscina, actividades de playa, brunch, sesiones fotográficas, celebraciones previas y luna de miel.
“Está la ropa del resto de la gente que va a un evento, a una fiesta de bodas, y después está todo lo que te pones cuando te vas a tu luna de miel”, puntualizó Forteza.
Esta amplitud ofrece espacio para diseñadores emergentes, firmas especializadas, estilistas, boutiques, sastres, productores, modelos, fotógrafos y proveedores. De ese modo, la boda de destino puede convertirse en una cadena de valor capaz de vincular la industria creativa con la hotelería y el turismo.
La oportunidad para Punta Cana consiste en dejar de participar únicamente como locación. El paso siguiente sería desarrollar una oferta local para que novios e invitados también encuentren en el destino vestidos, trajes, accesorios, asesoría, confección y propuestas adaptadas a las condiciones del Caribe.
El clima redefine la elegancia
El calor, la humedad, la brisa, la arena y los espacios abiertos obligan a revisar los códigos tradicionales de la moda. Una ceremonia frente al mar puede conservar su carácter formal, pero necesita responder a un entorno muy diferente al de una iglesia o un salón urbano climatizado.
Según Forteza, las parejas que eligen estos destinos suelen ser jóvenes y estar dispuestas a romper con la etiqueta convencional. Esa libertad permite sustituir estructuras rígidas por propuestas más frescas, funcionales y personales.
“Hay que hacer variaciones sobre el tema de lo que es el traje más formal”, afirmó. “Ya no estamos en la etiqueta a la que nos acostumbraron las bodas tradicionales”.
Esto puede observarse en velos reinterpretados, vestidos cortos, siluetas inspiradas en otras décadas, trajes transformables y prendas capaces de volver a utilizarse después de la celebración.
En esa adaptación comienza a reconocerse una posible identidad de la moda caribeña contemporánea: prendas diseñadas para el movimiento, la ventilación y el contacto con el entorno, sin renunciar a la elegancia ni limitarse a la ropa informal de playa.
La renovación introduce, además, una discusión sobre sostenibilidad. Forteza destacó que, cuando el traje nupcial abandona su construcción más ortodoxa, puede transformarse, reformarse y acompañar a quien lo lleva durante otros momentos de su vida, evitando que una prenda elaborada para una sola ocasión termine olvidada.
Lil Céspedes: fluidez, nácar y elegancia tropical

Lil Céspedes, propietaria de Lanóvea Bridal, posee experiencia directa en el mercado de vestidos de novia y en el comportamiento de las parejas que llegan a República Dominicana. Junto con Masculino Formal, la firma ha participado en importantes plataformas nupciales del país, incluida RD Bridal Week 2026.
Céspedes introdujo un matiz importante: aunque Punta Cana recibe un gran volumen de bodas, muchas novias extranjeras llegan al hotel con su vestido previamente adquirido. Esto revela una oportunidad todavía pendiente: lograr que una mayor parte del consumo relacionado con la boda se produzca dentro de República Dominicana.
La especialista observa, sin embargo, que la moda dominicana comienza a atraer clientas internacionales que viajan al país específicamente para buscar sus prendas.
“Ya en Santo Domingo hemos comenzado a recibir, no necesariamente novias de destino que vienen a República Dominicana, sino que estamos siendo destino para moda”, explicó.
Céspedes mencionó clientas procedentes de Bahamas, Venezuela, Brasil y Puerto Rico que compran en territorio dominicano antes de regresar a celebrar sus bodas en sus respectivos países.
“La moda dominicana se está comenzando a ver. Qué bello venir a nuestra isla, que de paso sirva como viaje de turismo, y encontrar que estamos muy adelantados en cuanto a moda”, señaló.
Ese comportamiento demuestra que el país puede convertirse no solo en destino para casarse, sino también en destino para descubrir, adquirir y encargar moda. Punta Cana, por su conexión aérea y exposición internacional, podría funcionar como puerta de entrada para esa oferta.
Para Céspedes, el origen de la novia y el lugar de la ceremonia influyen directamente en la elección del vestido. En un clima tropical, las telas fluidas, la caída y la suavidad adquieren protagonismo, aunque esto no obliga a renunciar a la estructura ni al glamour. “Si te vienes a una boda de destino, con el calor y todo, vimos en pasarela telas fluidas, con caída, con suavidad. Pero también presentamos una novia más estructurada, más glamorosa, con detalles de perlas”, explicó.
Su propuesta, denominada Mar de Nácar, extendió ese concepto hacia la moda masculina. Los tonos gris, azul y verde tomaron como referencia los reflejos de las perlas y el paisaje marino.
“Así es el Caribe: somos color, somos vibrantes, pero sin perder esa formalidad y elegancia que tiene el caballero”, expresó Céspedes.
Mich Román: el horizonte convertido en diseño

El diseñador dominicano Mich Román, director creativo de Mimichmo, ha desarrollado una identidad vinculada a la geometría, el origami y el teselado. Su trabajo ha tenido presencia en plataformas internacionales y lo llevó a colaborar con Ágatha Ruiz de la Prada durante una edición de New York Fashion Week.
Román tuvo a su cargo la apertura de la pasarela y presentó una colección inspirada directamente en el paisaje de Punta Cana. “La colección está inspirada en la geometría del horizonte, en las formas que podemos apreciar en el cielo y en el contraste de luz entre el mar y sus olas”, detalló.
Su propuesta evidencia cómo el paisaje puede dejar de ser un fondo para convertirse en materia creativa. El horizonte, la luz, el movimiento del mar y sus contrastes pasan a las formas de las prendas y contribuyen a construir un lenguaje relacionado con el territorio.
La intención, explicó, fue llevar esas formas a una expresión sencilla que pudiera realzar la identidad de quien utiliza cada pieza. Su trabajo conecta el espectáculo propio de la pasarela con la posibilidad de convertir la propuesta conceptual en prendas comerciales.
“La mayoría de las pasarelas busca dar un espectáculo, mostrar la máxima capacidad creativa que tenemos como diseñadores y aterrizar esa conceptualización a piezas comerciales, para que cada persona pueda aportarle el valor de ser quien las lleva”, señaló.
Esa declaración refleja uno de los principales desafíos: transformar la creatividad inspirada en el Caribe en una industria capaz de producir, comercializar y exportar. Una identidad estética, por sí sola, no basta. Necesita formación, talleres, puntos de venta, canales de distribución, inversión y oportunidades para conectar a los diseñadores con compradores nacionales e internacionales.
Para Román, la moda forma parte de la experiencia turística porque proyecta la cultura del país y despierta interés por conocerla.
“Todo lo que se exporta del país es lo que despierta el interés de los extranjeros por venir a conocer nuestra cultura”, afirmó. “Parte de lo que nosotros hacemos en su momento se convertirá en la historia, la cultura y el folclore de República Dominicana”.
Desde esa perspectiva, la moda puede actuar en dos direcciones: exportar la imagen de República Dominicana y atraer visitantes interesados en conocer el lugar donde esa identidad fue creada.
Jeanette Limas: talento dominicano con proyección internacional
La cuarta mirada corresponde a Jeanette Limas, diseñadora dominicana formada en patronaje en Santo Domingo y posteriormente en Altos de Chavón, Parsons School of Design y Fashion Institute of Technology. Trabajó en equipos creativos vinculados a Urban Zen, de Donna Karan, y Jolibe Atelier, ha presentado colecciones en New York Fashion Week y fue finalista del programa Making the Cut, conducido por Heidi Klum y Tim Gunn.

Su propuesta se caracteriza por el drapeado, las formas orgánicas y una inspiración asociada a la naturaleza y las emociones. “La inspiración siempre parte del amor”, expresó durante Bridal & Resorts Runway. “Todas las piezas son bien orgánicas, están muy cerca de mi corazón. Siempre hago cosas inspiradas en la naturaleza, en los sentimientos y en el amor, que mueve el mundo de alguna manera”.
Limas representa el vínculo entre el talento formado en República Dominicana y los mercados internacionales. Su recorrido permite observar que los creadores dominicanos poseen capacidad para competir fuera del país, pero también plantea el desafío de generar mayores oportunidades para que ese talento pueda producir, mostrar y comercializar sus propuestas desde territorio nacional.
La diseñadora valoró lo que significa abrirse camino fuera de su país sin desvincularse de su origen. “Es un privilegio ir a un país que no es el de nosotros, poder hacer tu espacio, sembrar una semillita en otra tierra y verla crecer”, manifestó. “Yo soy dominicana. Los premios de allá los llevo cerca de mi corazón, pero el reconocimiento cuando te lo da tu país tiene otra dimensión”.
Su diagnóstico sobre el desarrollo de la industria pone el foco en la inversión. A su juicio, República Dominicana posee talento suficiente, pero necesita estructuras comerciales y respaldo económico que permitan producir prendas accesibles, colaborar con grandes tiendas y abrir oportunidades para nuevos creadores.
“La moda mueve gente y mueve dinero. Aquí tenemos el talento y todo lo que se necesita, pero hace falta el apoyo para poder despegar, hacer piezas más asequibles o trabajar para marcas y tiendas grandes que puedan apoyar nuevos talentos”, señaló. Su planteamiento delimita la diferencia entre organizar eventos y construir una industria. Las pasarelas ofrecen visibilidad, pero el crecimiento sostenido requiere financiamiento, capacidad productiva, comercialización y alianzas con empresas que permitan llevar las piezas desde el diseño hasta el consumidor.
Del traje de baño a la cena: el universo resort
La oportunidad de Punta Cana no se limita a la moda nupcial. José Forteza amplió el análisis hacia otros dos segmentos estrechamente conectados con la vida del destino: el beachwear y el resort wear.
La experiencia de un huésped incluye playa y piscina, pero también restaurantes, actividades, celebraciones y vida nocturna. Cada uno de esos espacios exige prendas cómodas para el clima, aunque suficientemente cuidadas para mantener la elegancia asociada a un destino turístico de alto estándar.
“Estás en un hotel como este. No es solo irte a la playa y a la boda. Después te vas a cinco restaurantes y quieres ir de una manera agradable, pero que no sea como te vistes para ir a un buen restaurante en el centro de una ciudad”, explicó Forteza.
La clave, afirmó, es que la ropa comunique: “Estoy de vacaciones, estoy relajado o relajada, estoy disfrutando”. En ese espacio aparece el resort wear como una categoría capaz de incorporar vestidos ligeros, conjuntos de lino, camisas, pantalones amplios, túnicas, sombreros, sandalias, accesorios y piezas que transitan con facilidad entre el día y la noche.
Se trata de un mercado coherente con Punta Cana: visitantes que permanecen durante varios días dentro de complejos turísticos y necesitan distintas opciones para playa, descanso, gastronomía, entretenimiento y celebraciones. Esa dinámica permite pensar en colecciones concebidas específicamente para la experiencia integral del resort.
Forteza también reivindicó prendas tradicionales del Caribe como la chacabana o guayabera, cuya versatilidad permite nuevas interpretaciones tanto para hombres como para mujeres. En lugar de reproducir códigos extranjeros, Punta Cana puede recurrir al clima, los materiales, los colores y la cultura regional para desarrollar un lenguaje reconocible.
¿Puede Punta Cana convertirse en referente?
Las condiciones existen, pero convertirlas en una industria requiere articulación. Punta Cana posee conectividad, hoteles, escenarios, visitantes, celebraciones y una imagen internacional asociada al Caribe. La moda puede sumar a ese ecosistema diseñadores, comercios, artesanos, productores, modelos, estilistas, fotógrafos, escuelas y proveedores.
“La moda es una industria que alimenta muchísimas bocas”, sostuvo Forteza, al subrayar su capacidad de generar empleo y movimiento económico.
Bridal & Resorts Runway mostró que las condiciones naturales del destino no representan una limitación, sino el punto de partida de una propuesta propia. El calor conduce a telas más ligeras; el horizonte se transforma en geometría; el mar inspira colores y texturas; las bodas abren espacio para nuevos códigos y el resort amplía las posibilidades de uso.
El potencial para convertirse en referente dependerá de que esa identidad encuentre una estructura capaz de sostenerla: eventos periódicos, espacios de exhibición y venta, alianzas con hoteles, inversión, formación, producción local y promoción internacional.
Previo a Punta Cana Fashion Week 2026, el desafío consiste en transformar expresiones todavía dispersas en una plataforma articulada. Punta Cana ya posee el escenario, la inspiración, el público y la capacidad de convocatoria. El siguiente paso es lograr que el destino que hoy recibe y exhibe la moda también pueda diseñarla, producirla y exportarla como una expresión contemporánea del Caribe.





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