La verdadera carrera de Marileidy Paulino: nació para correr, luchó para vencer
De correr descalza en Don Gregorio a dominar los 400 metros del mundo, Marileidy Paulino ha construido una carrera marcada por la pobreza, la fe, la disciplina y una voluntad que parece acelerarse cuando todo se vuelve cuesta arriba.
Marileidy Paulino hace historia pública desde que comenzaron sus grandes triunfos. Sin embargo, su verdadera historia empezó mucho antes de las medallas, los récords y los estadios repletos. Para comprender a la campeona hay que regresar a sus orígenes, conocer sus valores y seguir los pasos de una mujer que no solamente derrota a sus adversarias sobre la pista: también ha aprendido a ganarle a las dificultades de la vida.
Antes de la reina
Mucho antes de que el mundo conociera su nombre, en Don Gregorio la conocían como “Chica”. Allí nació el 25 de octubre de 1996, en una comunidad perteneciente al municipio de Nizao, provincia Peravia, cerca del mar y a unos kilómetros de Baní.

Fue criada en un hogar humilde, donde el dinero era escaso, pero el esfuerzo era una costumbre. Es hija de Anatalia Paulino y ocupa el quinto lugar entre seis hermanos.
El nombre de su padre biológico no aparece identificado de forma consistente en las biografías y entrevistas verificadas sobre la atleta. Lo que sí está ampliamente documentado es que, luego de la separación de sus padres, Anatalia asumió prácticamente sola la crianza de sus seis hijos. Posteriormente, su pareja se convirtió en una figura paterna para la familia.
En la historia de Marileidy, por tanto, la madre no ocupa un lugar secundario. Es uno de sus pilares.

Anatalia trabajó, resistió y administró lo poco que había para levantar a sus hijos. Marileidy creció observando esa perseverancia cotidiana: una carrera sin cámaras, sin medallas y sin línea de llegada.
Años después, cuando ya podía devolver una parte de cuanto había recibido, la atleta le construyó una casa a su madre en Don Gregorio. No fue solamente un regalo material. Fue la manera de cerrar un círculo: la niña que salió de un hogar con limitaciones regresó convertida en campeona para ofrecerle seguridad a la mujer que nunca la abandonó.
La niña que todavía no sabía que podía volar
Marileidy no creció pensando que sería una figura del atletismo mundial. Su primera inclinación fue hacia los deportes colectivos. Jugó voleibol y se destacó especialmente en el balonmano, disciplina en la que llegó a acercarse a la selección nacional.
Para asistir a los entrenamientos debía recorrer una distancia considerable desde Don Gregorio. Ella misma ha recordado que caminaba y entrenaba descalza, no como una imagen creada posteriormente para alimentar la leyenda, sino como una realidad vinculada a las limitaciones económicas de su familia.
Primero corrió sin zapatillas. Después lo hizo utilizando medias. Mucho antes de conocer la tecnología deportiva, las pistas europeas o los equipos profesionales, su principal herramienta era su propio cuerpo.
Mientras estudiaba en el liceo Alirio Paulino, un profesor de Educación Física identificó sus condiciones físicas. Aquella joven alta, delgada y veloz poseía una capacidad especial para desplazarse, resistir y acelerar.

La observación abrió una puerta. Se realizaron gestiones para llevarla a entrenar a Santo Domingo y fue incorporada al programa de la Federación Dominicana de Asociaciones de Atletismo. Su talento fue descubierto, pero su carrera no fue un descubrimiento repentino. Tuvo que construirla entrenamiento tras entrenamiento.
Cuando correr se convirtió en destino
Sus primeras participaciones relevantes comenzaron a aparecer hacia 2015. Ese año consiguió una medalla de plata en los 100 metros de los Juegos Nacionales de la Juventud, representando a Peravia. Todavía alternaba el atletismo con el balonmano y aún no se había especializado en la prueba que cambiaría su vida.
En 2016 comenzó a mostrar resultados en los 100 y 200 metros. Compitió en torneos nacionales e internacionales, ganó el campeonato dominicano de los 100 metros y empezó a ser observada como una de las promesas femeninas del país.
Los resultados fueron llegando, pero no de manera espectacular. La Marileidy de aquellos años todavía estaba aprendiendo a correr técnicamente: debía controlar la salida, distribuir la velocidad, mejorar la postura y comprender su propio potencial.

En 2018 y 2019 avanzó con mayor claridad. Consiguió títulos nacionales, estableció marcas en los 200 metros y representó al país en competencias internacionales. También encontró respaldo y estabilidad en la Fuerza Aérea de República Dominicana, institución a la que pertenece y en la que posteriormente sería ascendida.
Sin embargo, el giro decisivo ocurrió cuando comenzó a trabajar con el entrenador cubano Yaseen Pérez Gómez. Él observó que la resistencia, la zancada y la capacidad de recuperación de Marileidy podían rendir mejor en una distancia superior. En 2020 tomaron una decisión que, vista desde el presente, parece inevitable: concentrarse en los 400 metros.
No lo era.

Cambiar de prueba significaba comenzar otra vez. Los 400 metros son una de las carreras más exigentes del atletismo: demasiado largos para depender solamente de la velocidad y demasiado cortos para administrar tranquilamente la energía. Exigen potencia, resistencia, técnica y una enorme tolerancia al dolor. Pero allí estaba escondido su reino.
Tokio: el día en que el país conoció a su reina
Marileidy consiguió la marca clasificatoria para los Juegos Olímpicos de Tokio y llegó a la competencia sin cargar todavía con la presión de ser la gran favorita mundial.
En el relevo mixto 4x400 metros, junto con Lidio Andrés Feliz, Anabel Medina y Alexander Ogando, República Dominicana conquistó la medalla de plata. Después llegó la prueba individual.
Marileidy avanzó con seguridad por las eliminatorias y corrió la final de los 400 metros en 49.20 segundos. Terminó detrás de la bahameña Shaunae Miller-Uibo y obtuvo otra medalla de plata. Fue la primera mujer dominicana en ganar una medalla olímpica individual en atletismo y la primera persona del país en conquistar dos preseas en una misma edición de los Juegos Olímpicos.
Aquella actuación cambió la dimensión pública de su historia. La joven de Don Gregorio dejó de ser una promesa deportiva. Ya era una de las mujeres más rápidas del planeta.
Sin embargo, no interpretó la plata como una llegada. La convirtió en punto de partida.

La fe como compañía
La historia de Marileidy no puede explicarse ignorando su fe cristiana. No se trata únicamente de una expresión utilizada después de las victorias. La atleta habla de Dios antes de competir, durante su preparación y en los momentos difíciles. En su casa, esa convicción se vive de manera familiar.
Antes de la final del Mundial de Budapest 2023, Anatalia Paulino estaba nerviosa. Entonces decidió tranquilizarse y confiar. Pronunció una frase que resume la espiritualidad con la que la familia vive cada competencia: “El Señor es que va a correr por ella”. Marileidy, por su parte, le había transmitido serenidad: “Mamá, yo estoy preparada para eso”.
Esa preparación combina lo espiritual con un trabajo físico meticuloso. Su fe no sustituye el entrenamiento: lo acompaña. Después de convertirse en campeona olímpica, sintetizó esa convicción con otra frase sencilla: “Con Dios nadie puede”.
El mundo comenzó a correr detrás de ella
En el Campeonato Mundial de Eugene 2022 obtuvo la plata individual en los 400 metros. En esa misma competencia formó parte del relevo mixto dominicano que conquistó la medalla de oro con 3:09.82. Aquel relevo derrotó a equipos con una tradición atlética mucho mayor. República Dominicana no solamente tenía una gran corredora: había comenzado a construir una generación competitiva alrededor de ella.
Ese mismo año, Marileidy conquistó su primera corona de la Liga Diamante, el circuito que reúne a la élite del atletismo internacional. En 2023 regresó más fuerte. Ganó los 400 metros de los Juegos Centroamericanos y del Caribe y llegó al Mundial de Budapest como una de las grandes favoritas.
En la final marcó 48.76 segundos y se convirtió en campeona mundial de los 400 metros.
Don Gregorio celebró como si la carrera se hubiese realizado en sus propias calles. Su madre, sus hermanos y sus vecinos contemplaron el triunfo de una mujer que había salido de allí sin garantías, pero que nunca se desligó de su comunidad.
París: el oro que faltaba
Después de las dos medallas de plata de Tokio, la gran deuda competitiva de Marileidy era el oro olímpico. Llegó a París 2024 invicta durante la temporada y con una seguridad que ya no dependía de las expectativas externas. Antes de la competencia declaró: “No puedo descartar a nadie, pero confío en mí. Voy por el oro”.

El 9 de agosto de 2024, bajo la lluvia del Stade de France, corrió la final. Marileidy no salió desesperada. Administró los primeros metros, sostuvo su patrón de carrera y comenzó a acercarse a sus rivales. En la curva final ya se advertía lo que estaba por suceder. Al entrar en la recta, desplegó esa aceleración progresiva que se ha convertido en su firma.
Cruzó la meta en 48.17 segundos, rompió el récord olímpico establecido en 1996 y conquistó la medalla de oro. Se convirtió en la primera mujer dominicana campeona olímpica y en la tercera persona de República Dominicana en alcanzar un oro individual en unos Juegos Olímpicos.
No fue solamente una victoria deportiva. Durante 48 segundos, una mujer procedente de una familia con recursos limitados logró que un país entero contuviera la respiración.
La bandera volvió a cubrir sus hombros. En ese momento, la pista dejó de ser únicamente el lugar donde competía. Se convirtió en el territorio donde representaba la historia de muchas mujeres dominicanas que han tenido que avanzar con menos oportunidades y mayores obstáculos.
La derrota que también engrandeció su historia
En el Mundial de Tokio 2025, Marileidy se encontró con una de las carreras más extraordinarias de todos los tiempos. Sydney McLaughlin-Levrone se impuso con 47.78 segundos. Paulino terminó segunda, pero cruzó la meta en 47.98, su mejor marca personal y un nuevo récord nacional. La medalla fue de plata, aunque el cronómetro reveló otra dimensión: Marileidy se convirtió en una de las tres mujeres más rápidas de la historia de los 400 metros.
Perder una final no deshizo su reinado. Lo hizo más complejo y humano. Confirmó que una campeona no solamente se define por las carreras que gana, sino también por su capacidad para responder cuando otra atleta la obliga a superar sus propios límites.
Un 2026 prácticamente perfecto
Marileidy llegó a 2026 con una misión clara: recuperar el dominio absoluto. Ganó en Doha, París, Mónaco y Londres. En París registró 48.48 segundos, marca récord para una competencia de la Liga Diamante. Posteriormente volvió a imponerse en Silesia.
La temporada también le permitió reencontrarse con el público dominicano en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026. Allí consiguió dos medallas de oro.
Primero encabezó el triunfo del relevo mixto 4x400 metros, que estableció un récord de los Juegos con 3:10.57. Luego defendió su corona individual y ganó los 400 metros en 48.94, rebajando por más de un segundo la marca anterior de la competencia.
Correr ante su país tenía para ella un sentido especial. Antes de la justa había definido la experiencia como “unos Juegos Olímpicos en casa”. El 5 de septiembre conquistó en Bruselas su cuarto título de la Liga Diamante, después de los obtenidos en 2022, 2023 y 2024.
Pero faltaba otro escenario. El 12 de septiembre de 2026 regresó a Budapest para participar en la primera edición del World Athletics Ultimate Championship, una competencia creada para reunir a los mejores atletas del mundo.
En la final de los 400 metros quedó rezagada durante la primera parte de la carrera. Parecía encerrada detrás de sus rivales. Entonces apareció nuevamente su cambio de ritmo. Pasó del último lugar al primero y ganó con 49.07 segundos, por delante de la noruega Henriette Jæger y la jamaicana Nickisha Pryce.
Marileidy Paulino se convirtió así en la primera campeona de los 400 metros en la historia del World Athletics Ultimate Championship. El triunfo, acompañado de un premio de 150,000 dólares, coronó una temporada internacional invicta y confirmó que su dominio seguía vigente.
La mujer detrás del cronómetro
Aunque el atletismo la convirtió en una celebridad, quienes la conocen resaltan su tranquilidad, obediencia, disciplina y apego familiar. Su madre la ha descrito como una joven poco inclinada a las fiestas y muy concentrada en su preparación. Cuando regresa a Don Gregorio, prefiere permanecer en la casa y compartir con su familia.
Marileidy estudió Educación Física y ha expresado su intención de utilizar su carrera para ayudar a otros. Entre sus proyectos aparece el deseo de respaldar a niños huérfanos y en situación vulnerable, una preocupación nacida de las limitaciones que ella misma conoció.
También ha levantado la voz frente a expresiones racistas dirigidas contra atletas dominicanos. En su figura conviven varias representaciones: mujer, negra, caribeña, militar, hija de una madre trabajadora y deportista surgida fuera de los grandes centros internacionales de entrenamiento.
Cuando le han preguntado por el papel de la familia, su respuesta ha sido directa: considera que ha sido la clave de sus sueños y el respaldo permanente de su recorrido.
Su madre lo resume desde otra perspectiva. Para Anatalia, el talento explica una parte, pero la disciplina completa el resultado.
Una reina que no olvidó el camino
Marileidy Paulino corre con una elegancia particular. Parece guardar fuerzas cuando las demás comienzan a gastarlas. Su mejor atletismo aparece en los últimos metros, cuando el cuerpo exige detenerse y ella decide acelerar. Tal vez por eso su carrera se parece tanto a su vida.
Comenzó con menos recursos que muchas de sus competidoras. Llegó tarde a su prueba definitiva. Entrenó descalza, atravesó distancias para practicar y aprendió a confiar en un talento que todavía nadie podía garantizarle que cambiaría su destino.
Luego llegaron Tokio, Eugene, Budapest, París y nuevamente Budapest. Llegaron las medallas, los récords, los reconocimientos, los ascensos y las celebraciones nacionales.
Pero debajo de todo continúa estando la misma estructura: la fe heredada de su madre, el amor por su familia, la disciplina diaria y la memoria de Don Gregorio.
La reina ya es historia porque consiguió lo que ninguna mujer dominicana había logrado antes. Pero también porque su victoria excede los límites de una pista.
Marileidy no corre únicamente contra otras atletas. Corre contra la pobreza de origen, contra el olvido, contra los prejuicios y contra aquella idea resignada de que ciertos sueños pertenecen solamente a quienes nacen con ventajas.
Y cuando llega la recta final, cuando parece que el cansancio podría alcanzarla, vuelve a hacer lo que ha hecho durante toda su vida: mira hacia adelante, aprieta el paso y deja atrás aquello que intentó detenerla.





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