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La verdad del cable submarino: ¿Qué reales beneficios traerá al país?

  • 12 ago
  • 5 min de lectura

Google anunció una red de cables submarinos que tendrá a República Dominicana como uno de sus principales puntos de conexión en el continente. La infraestructura promete mayor capacidad, menor latencia y más estabilidad, pero sus efectos sobre el precio del internet, el empleo y la brecha digital dependerán de la competencia, la regulación y las redes locales.


República Dominicana pasará a ocupar una posición estratégica dentro de Americas Connect, la nueva red de cables submarinos anunciada por Google para conectar el Caribe, América Latina, Estados Unidos y Europa. Aunque se ha hablado del “cable submarino de Google”, en realidad el proyecto contempla tres nuevos sistemas —Alisios, Canoa y OlaLuz—, además de una ramificación del cable Firmina que aterrizará en territorio dominicano.

La infraestructura representa una oportunidad relevante para el país. Sin embargo, conviene separar dos conceptos: tener más capacidad internacional no significa automáticamente que el internet residencial será más rápido, más barato o accesible para toda la población. Los beneficios dependerán de cómo se comercialice esa capacidad y de si las empresas dominicanas pueden conectarse al nuevo puerto de intercambio en condiciones abiertas y competitivas.


¿Qué países estarán conectados?


El sistema Alisios enlazará a República Dominicana, Panamá y Chile. Desde Panamá se integrará a otras rutas hacia la costa oeste de Estados Unidos, mientras que Chile funcionará como punto de conexión con la infraestructura digital del Pacífico.

Canoa conectará directamente a República Dominicana con Bermudas. Allí se enlazará con los cables Nuvem y Sol, permitiendo nuevas rutas hacia Estados Unidos y Europa, incluidos puntos de conexión en Portugal y España.


El cable OlaLuz unirá directamente a República Dominicana con Florida, mientras que una nueva ramificación de Firmina incorporará al país a una red de alta capacidad que conecta América del Norte y América del Sur.


En términos territoriales, los actores principales son República Dominicana, Panamá, Chile, Bermudas y Estados Unidos. La interconexión con otros sistemas extiende el alcance hacia Portugal, España, Brasil y otros mercados sudamericanos.


Google sostiene que la combinación de estos sistemas permitirá conectar a República Dominicana con regiones de Google Cloud ubicadas en Carolina del Sur, Virginia, Madrid, Chile, Los Ángeles y Las Vegas, mediante rutas distintas y redundantes.


El primer beneficio: una conexión más resistente


El impacto más inmediato no necesariamente será una rebaja en la factura mensual, sino una mayor resiliencia de la conectividad internacional.


Actualmente, República Dominicana cuenta con seis cables internacionales, pero varios superan los 20 años de operación y se aproximan al final de su vida útil. Además, antes de este proyecto, el país disponía de una capacidad directa limitada hacia Estados Unidos.

El nuevo puerto digital tendrá capacidad para recibir hasta cuatro cables internacionales. Según los datos presentados por el Gobierno, la iniciativa multiplicaría por tres las conexiones directas con Estados Unidos continental y por diez el número de pares de fibra disponibles.


La estructura en forma de anillo permitirá desviar el tráfico cuando una ruta presente una avería. En lugar de depender de una sola conexión, los datos podrían viajar por otro cable sin provocar una interrupción total.


Brian Quigley, vicepresidente de Infraestructura de Red Global de Google, sostuvo que “este puerto de intercambio digital y anillo internacional de cable submarino será un gran paso para aumentar la conectividad, acelerar el crecimiento económico y fortalecer la resiliencia de la conectividad digital de la República Dominicana”.


Menor latencia para servicios digitales


La latencia es el tiempo que tarda la información en viajar desde un dispositivo hasta un servidor y regresar. Una ruta más directa puede mejorar el funcionamiento de videollamadas, plataformas financieras, videojuegos, transmisiones en vivo, telemedicina, servicios en la nube y herramientas de inteligencia artificial.


Para sectores como turismo, banca, telecomunicaciones, producción audiovisual, comercio electrónico y centros de atención remota, unos pocos milisegundos pueden marcar una diferencia operacional.


República Dominicana también podría atraer centros de datos, plataformas de distribución de contenidos y empresas que necesiten conectividad estable entre América del Norte, el Caribe y América del Sur. Esa es la oportunidad detrás del concepto de “hub digital”: no solo consumir internet, sino convertirse en un lugar donde se intercambia, almacena y procesa información.


El economista especializado en telecomunicaciones Raúl Katz, junto con Wolfgang Briglauer y Juan Jung, concluyó en una investigación publicada en 2026 que una mayor capacidad internacional generada por cables submarinos puede mejorar la velocidad de la banda ancha y reducir la latencia. Los autores advierten, sin embargo, que la evidencia disponible sobre todos sus efectos económicos todavía es limitada.


¿El internet será más barato?


Es posible, pero no está garantizado. Una investigación de Joël Cariolle y otros especialistas, basada en 150 países, estimó que duplicar la capacidad internacional puede reducir entre 14% y 21% los precios de la banda ancha fija y móvil. El efecto, no obstante, depende de que exista competencia suficiente para trasladar el ahorro hasta los consumidores.


El problema aparece cuando la estación de aterrizaje, el acceso mayorista o la distribución terrestre están concentrados en pocos operadores. En ese escenario puede aumentar la capacidad disponible sin que disminuyan proporcionalmente las tarifas.


El investigador Álvaro S. González, del Center for Global Development, plantea que los cables constituyen una condición habilitante, pero no necesariamente el factor decisivo sobre los precios. Según su análisis, los elementos determinantes son quién controla el acceso a la estación, la existencia de un punto de intercambio neutral y el nivel de competencia entre proveedores.


Por eso será fundamental conocer las reglas bajo las cuales operará el puerto anunciado como “abierto y neutral”, sus tarifas mayoristas y las condiciones que tendrán las empresas dominicanas para utilizar la infraestructura.


Los riesgos y aspectos pendientes


La primera preocupación es la dependencia de una empresa tecnológica extranjera en una infraestructura considerada estratégica. Aunque Google asegura que el puerto estará disponible para otros participantes, será necesario establecer normas claras sobre acceso, competencia, seguridad de los datos, supervisión y continuidad operacional.


También existe un componente geopolítico. Los cables submarinos transportan más del 99% del tráfico internacional de datos y se han convertido en activos sensibles para la seguridad nacional. Estados Unidos endureció en 2026 sus reglas para operadores y equipos vinculados a estas redes, en medio de sus disputas tecnológicas con China.

Otro riesgo es físico. La Unión Internacional de Telecomunicaciones estima que se producen alrededor de 200 fallas de cables submarinos por año y que más del 80% son provocadas por actividades pesqueras y anclas. También pueden resultar afectados por terremotos, deslizamientos submarinos, tormentas y fallas de equipos.


La geocientífica Isobel Yeo, del National Oceanography Centre, advierte que “los mayores riesgos para estos sistemas vitales suelen concentrarse cerca de las costas, donde coinciden los peligros naturales y la actividad humana”. Una investigación de ese organismo encontró que más del 75% de las fallas analizadas en cables de islas ocurrieron dentro de los 300 kilómetros de la costa.


La instalación deberá acompañarse de rutas geográficamente diversas, protocolos de reparación, monitoreo ambiental y acuerdos que permitan actuar rápidamente cuando se produzca una avería.


La verdadera oportunidad para República Dominicana


El proyecto puede mejorar la estabilidad del internet, reducir la latencia, ampliar la capacidad internacional y atraer inversión en centros de datos, inteligencia artificial, servicios financieros y producción tecnológica. También podría fortalecer sectores ya consolidados, como el turismo y los servicios empresariales.


Pero un cable no cierra por sí solo la brecha digital. Para que su capacidad llegue a hogares, escuelas y empresas será necesario ampliar la fibra terrestre, mejorar la cobertura en comunidades rurales, garantizar energía estable, capacitar talento dominicano y promover competencia entre operadores.


El presidente Luis Abinader afirmó que el proyecto colocará al país “en el centro del intercambio de información entre América del Norte, Centroamérica y Sudamérica”. Esa posición geográfica puede convertirse en una ventaja económica, pero el resultado dependerá de las reglas que se establezcan alrededor de la infraestructura.


La pregunta central ya no es solamente cuántos cables llegarán a República Dominicana. La verdadera prueba será determinar quiénes podrán utilizarlos, cuánto costará el acceso y qué parte de sus beneficios llegará efectivamente a los ciudadanos.

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